martes, 16 de diciembre de 2014

Constrúyeme. E.Henchoz






Constrúyeme 
Envuélveme
Nunca otras manos desenrollen este cuerpo,
otros besos sellen las ansias, 
u otra mirada robe la sonrisa que tus aguas saben.
Tu fuerza arropa
tu paso descubre la grama que se adelanta a la lluvia 
tu boca estalla mi alegría y desenrolla la esperanza, 
así como tus manos sostienen los misterios.

martes, 25 de noviembre de 2014

Media tarde









Huelo, mar,
de azul sabor,
superficie fría,
profunda nostalgia.
Te huelo mar,
te descubro y deshaces entre dedos
hidratas huesos, salobres,
tu voz impregna la sien y 
la arena ortiga los sentidos, y este lamento.
Gime, celebra.
Tu lengua salmuera cubre el cálido frío.
Creás lagunas en esta tu geografía clara
Llanos, volcanes,alturas de espuma
te elevan
Húndeme con la fuerza serena de la media tarde
Sea el poniente, horizonte, anuncio
de atardeceres gigantes.

Erika Henchoz

lunes, 24 de noviembre de 2014

Cecilia Meireles, verbo y prosa estiran su horizonte humano


CECILIA MEIRELES

Por Erika Henchoz

erikahenchoz@gmail.com
Considerada como la gran poetisa de lengua portuguesa Cecilia Meireles fue también periodista y profesora de literatura y cultura brasileña. Defensora a ultranza de la libertad y la democracia. Reconocida por su técnica, tan humana y  formal. Su Mar absoluto, Retrato natural, Viagem son poemas que la ubican entre las mejores vanguardistas del modernismo.
Meireles  conoció mucho sobre la muerte desde pequeña. Su padre, muere 3 meses antes de su nacimiento, su madre, muere a los tres años y medio cumplidos, luego, tres de sus hijos mueren sin llegar a conocerlos, y más tarde su primer marido, el pintor  Fernando Correia Dias (m. 1922–1935) se suicida y deja a cargo tres hijas María Fernanda, Maria Matilde y Maria Elvira. Tránsito obligado de muertes cercanas.
Es así como desde los 9 años de edad y apañada a la soledad se interna en la escritura. Ya a los 16, publica su primera obra.
De su Elegía se dice que tiene “fuerzas de sana interpretación, de vital optimismo y de clara luminosidad”. Su extensa Elegía (1933-1937), dedicada a la memoria de su abuela que la crió con el tema de un nocturno funerario, le fue muy aplaudida.
Meireles rompió esquemas siempre.  Fue contraria a los moralismos impuestos por la sociedad. Defendió y armó su discurso laboral en torno a la democracia en medio de una efervescencia  de autoritarismo político en su natal Brasil.
Nació en Rio de Janeiro, el 7 de noviembre de 1901 en Tijuca, Brasil y muere el 9 de noviembre de 1964 en  Río de Janeiro.
Su carrera literaria inicia con la publicación de la colección de sonetos titulada Espectros en 1919. “La obra poética de Cecilia revela poca afinidad con las tendencias nacionalistas de moda en libros como Nunca más… Poema de los Poemas (1923). Crianza, mi amor (1924) y Baladas para el rey (1925)”.
En 1922 se casa con el pintor portugués, Fernando Correia Dias, cuando enviuda se casa con Heitor Grillo en 1940. En palabras de la poeta, “Heitor fue un hombre admirable por su extraordinaria fe en el ser humano, en su afán de elevar todo. Sólo para decirles que esta primera y única enfermedad que tuve y que me tomó de cinco meses, no se movió ni un momento de mi, por mera ternura, el gesto y la palabra siempre allí, a pesar de sus numerosas responsabilidades y ocupaciones. Lo conocí cuando lo entrevisté una vez”.
“Entre 1925 y 1939, se dedica a la carrera docente y publica varios libros para niños. En 1930 escribe para “Diário de Notícias” una página sobre los problemas en la educación. También funda en Rio de Janeiro la primera biblioteca para niños de Brasil.  Enseña literatura brasileña en Portugal hasta que reaparece en el escenario poético luego de 14 años de silencio con Viaje (1939), un libro considerado de gran madurez e individualidad. Ese mismo año recibe el Premio de la Academia Brasileña de Letras”.
Varios de sus libros están inspirados en sus viajes, en los que ahonda en la comprensión de la humanidad a  partir de su contacto con las personas y sus costumbres, apuntan algunos datos de su biografía.
“Viajar es estirar el horizonte humano. India fue donde me sentí más dentro de mi mundo interior. Las canciones, Tagore, muchas personas cantan, hay buen folclore, todo en la India me da una sensación de levitación. Tenga en cuenta que no visité ni templos ni faquires. El impacto de Israel también fue muy fuerte. Por un lado, los hombres que construyen con entusiasmo y vitalidad, un país en el que brotan las flores en el desierto, y la cultura en las universidades. Por otro lado, de que la humanidad pasa a primer plano por las excavaciones. Echa un vistazo a esas jarras, los textos sagrados de los profetas mundo”.
Visité Nazaret, agrega, los lugares santos. Holanda me hace sospechar que tengo parientes antiguos flamencos. En Amsterdam, he pasado quince días sin dormir. Parecía que yo vivía en el interior de los grabados. En cuanto a Portugal, basta con decir que mi abuela hablaba como Camões. Estudié hindú, sánscrito. El deseo de leer a Goethe en el original me obligó a estudiar alemán. No estudiar idiomas para hablar, sino para penetrar mejor en el alma de las personas.
Escribió sobre temas pedagógicos y folklóricos y prosa lírica como Giroflê giroflá (1956), Escoja su sueño (1964) e Inéditos (crónicas – 1968).
Entre los libros de poesía que publica después de 1939 se encuentran: Música Vaga (1942), Mar Absoluta (1945), Retrato Natural (1949), Romancero de la desconfianza (1953), Metal Rosicler (1960), Poemas Escritos en la India (1962), Solombra (1963) y O esto o aquello (temática infantil, 1964).
Cecilia Meireles fue una de las’tachadas’, en una época marcada por la dictadura y la represión del llamado “populismo” de Getúlio Vargas. “Esto le significó la persecución de una serie de enemigos debido a sus convicciones y crítica al sistema. Una de sus mayores luchas fue la defensa de una escuela pública libre, mixta sin la interferencia arbitraria de la familia ni de la iglesia. Por eso se ganó la ‘ojeriza’ de la iglesia católica a lo largo de 30 años y aún hoy, cuando muchas veces se hace una lectura equivocada de su obra”.

Lo político, la persigue

“Cecilia termina con La “Página de Educação” del “Diário de Notícias” en enero de 1933, cuando cansada de las maniobras políticas del gobierno y el estado de la educación en Rio de Janeiro expresa su “horror” ante su labor como periodista. No obstante el diario carioca “A Nação” la contrata para escribir sobre todo, ¡menos política!
En la década del 40 escribe sobre folklore para el diario “A Manhã”. Su biografía destaca que en la década del 50, vuelve al “Diário de Notícias”, para escribir en el “Suplemento Literário”, donde ya habían colaborado Mário de Andrade y Sérgio Buarque de Holanda. Termina su carrera periodística en la década de 60, en “Folha”.
“Meireles viajó extensamente dando conferencias en América Latina, EE UU y Portugal y recibió varios premios y honores en varios países. Luego de su muerte debido al cáncer, continuó recibiendo honores y premios póstumos por su obra poética y educativa”.
Meireles fue una mujer menuda de gran fortaleza. Una poeta llena de romance, de verbo directo y sonrisa hermosa.

lunes, 17 de noviembre de 2014

¡Joaquín Sabina: así lo ve Dionisio Cabal!




GALIMATÍAS LAUDATORIO
Quevedo con guitarra,
cortesano en el palacio del rock pop;
dilapidador del oro castellano
reivindicador de la sonora blasfemia
(retoricista de las palabrotas),
peso pesado del pugilato erótico
espadachín del adjetivo
ambidiestro de las ironías
popular como el sol
soltero falso y puto,
domador de la sintaxis,
corazón de fronteras
azotador de cursis
perdonavidas del Barrio Hispano
churumbel de los adolescentes,
comecuras y cagadiablos,
punta de lanza del cancionero;
cazador de asesinos y potentados
subcomandante de la lírica poética
sacerdote de la iconoclastia
sabinador de la moral.
Asturiano en potencia,
golfo peninsular
principio del finisterre
chismoso mediático.
Asaltante de escenario
cartógrafo del mar urbano,
causa de felices paliques
expresivo tribuno de la libertad de expresión,
cirujano de negras cuitas,
abogado de utopías
tercermundista europeo,
alcohol del canto,
fumador en Disneyworld
obsesivo de la entrepierna
despertador de la medianoche,
gandul mañanero
ala que mata cuervos
vendimiador jaranero de la parra madrileña,
supernova de España,
gato con botas.
Rey del proletariado estudiantil,
burlista de los axiomas del capital
flor vieja de romances nuevos
culto realmente único,
único realmente culto,
vaticano del asombro,
escapista de la senectud
–¡refundador de la juventud!­­–
monstruo,
Cigarrillo Fénix
Félix Lope de Sabinia
cruzado del fumo y tomo
amarillista respetable,
fray Sabino de Gongoria,
caracol extendido,
caballo más que Babieca,
nervudo más que Rocinante,
fuerte más que Bucéfalos
Quijote de sancha boca,
de natural epicúreo;
secuestrador de romanas
asceta del monte camelo;
centro delantero del Real Decir,
neosocrático de la perversión,
catador de la mala leche,
desde ya eterno,
pan nuestro de cada oído
verbo hallado, Joaquín Sabina.
Humano. El más poeta.
Profetizado de Otero:
ángel, fieramente urbano.
4 de julio 2001

lunes, 27 de octubre de 2014

Miguel Hernández

Poeta y militante político, un hombre libre: Miguel Hernández

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Por Erika Henchoz


Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.

Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.
Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas

Poeta mayúsculo, alicantino, fecundo. De mirada y corazón limpios, libre en espíritu,  creativo, colosal. Pulcro a pesar de vivir tan groseros tiempos de cárcel y una progresiva precaria salud.  Escudo viviente para miles y miles de hombres y mujeres  que  armaron su corazón por la libertad, en plena guerra civil.  Incólume, aún siendo asediado desde la  cárcel por tres sacerdotes -poco antes de morir- para que abjurara de sus ideales revolucionarios. Miguel Hernández se niega a ‘convertirse’  o retractarse políticamente,  eso impide que lo trasladen a la última posibilidad de supervivencia, el sanatorio antituberculoso en Valencia.
Poeta activo desde el penal de Ocaña, a fines de junio de 194. En su centenario de nacimiento -celebrado como mereció su gigante estatura moral, en el 2010- destacan en publicaciones españolas manuscritos suyos con relatos para niños, creados y/o recreados por Hernández, dada la cantidad de metáforas empleadas para apelar a distintos ambientes de libertad. Esas narraciones le fueron entregadas a su esposa Josefina para leerlas a su hijo pequeño Manuel Miguel.  Escritas en un cuadernillo -de papel higiénico – con dibujos que hizo su compañero de cárcel, maestro y gran dibujante, Eusebio Oca Pérez. Esos cuentos fueron “El potro obscuro”,  “El conejillo”, “Un hogar en el árbol” y “La gatita Mancha”.

Sin educación formal

Los libros de la Biblioteca de Luis Almarcha le educan, cuando su papá  lo sacó del colegio a los 15 años de edad para que le ayudara a atender las cabras y el pastoreo completo como actividad económica familiar.
Totalmente autodidacta,  a Miguel Hernández le abrigan mente y espíritu  los grandes autores del Siglo de Oro, sus maestros:  Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Garcilaso de la Vega y Luis de Góngora.
El sacerdote y bibliotecólogo lo orienta además con lecturas de  San Juan de la Cruz, Gabriel Miró, Gabriel y Galán, Zorrilla, Rubén Darío, Paul Verlaine y Virgilio, entre otros.
Al estallar la Guerra Civil, Miguel Hernández se alista con el bando republicano. A la altura de  abril de 1939,  Miguel es detenido en Huelva y luego en Sevilla y en Madrid. Puesto en libertad inesperadamente, es detenido de nuevo en su pueblo natal y condenado a la pena de muerte por haber escrito contra el fascismo. Meses más tarde cambiaron su condena por 30 años de cárcel. Sufre para entonces de bronquitis y otras enfermedades.
En 1941 continúa su calvario de cárceles.  Se le traslada al Reformatorio de Adultos de Alicante. Mientras,  la enfermedad se agrava con nuevas recaídas por  tifus y la tuberculosis. Fallece en la enfermería de la prisión alicantina, un 28 de marzo de 1942, a sus escasos 31 años.

Amigos entrañables y entre ellos, Neruda

Maruja Mallo, pintora surrealista,  seducida por la poesía de Miguel Hernández fue una de sus  amigas. Marta Gómez era su nombre de pila. Era 8 años mayor que Miguel Hernández.  Mallo “escandalizaba” la Madrid intelectual. Amiga también de Ortega y Gasset, gozó de una gran admiración en su generación, al lado de García Lorca, Dalí, Picasso. Una de sus parejas inolvidables fue el poeta Rafael Alberti.
A Neruda le entusiasmaban el destello y  brío de su abundante poesía.  Dijo de él:
”Miguel era tan campesino que llevaba un aura de tierra en torno a él. Tenía una cara de terrón o de papa que se saca de entre las raíces y que conserva frescura subterránea. Vivía y escribía en mi casa. Mi poesía americana, con otros horizontes y llanuras, lo impresionó y lo fue cambiando.
Me contaba cuentos terrestres de animales y pájaros. Era ese escritor salido de la naturaleza como una piedra intacta, con virginidad selvática y arrolladora fuerza vital. Me narraba cuán impresionante era poner los oídos sobre el vientre de las cabras dormidas. Así se escuchaba el ruido de la leche que llegaba hasta las ubres, el rumor secreto que nadie ha podido escuchar sino aquel poeta de cabras.
Otras veces me hablaba del canto de los ruiseñores. El Levante español, de donde provenía, estaba cargado de naranjos en flor y de ruiseñores. Como en mi país no existe ese pájaro, ese sublime cantor, el loco de Miguel quería darme la más viva expresión plástica de su poderío. Se encaramaba a un árbol de la calle y, desde las más altas ramas, silbaba o trinaba como sus amados pájaros natales.
Como no tenía de qué vivir le busqué un trabajo. Era duro encontrar trabajo para un poeta en España. Por fin un vizconde, alto funcionario del Ministerio de Relaciones, se interesó por el caso y me respondió que sí, que estaba de acuerdo, que había leído los versos de Miguel, que lo admiraba, y que éste indicara qué puesto deseaba para extenderle el nombramiento. Alborozado dije al poeta:
- Miguel Hernández, al fin tienes un destino. El vizconde te coloca. Serás un alto empleado. Dime que trabajo deseas ejecutar para que decreten tu nombramiento.
Miguel se quedó pensativo. Su cara de grandes arrugas prematuras se cubrió con un velo de cavilaciones. Pasaron las horas y sólo por la tarde me contestó. Con ojos brillantes del que ha encontrado la solución de su vida, me dijo:
-¿No podría el vizconde encomendarme un rebaño de cabras por aquí cerca de Madrid?
El recuerdo de Miguel Hernández no puede escapárseme de las raíces del corazón. El canto de los ruiseñores levantinos, sus torres de sonido erigidas entre la oscuridad y los azahares, eran para él presencia obsesiva, y eran parte del material de su sangre, de su poesía terrenal y silvestre en la que se juntaban todos los excesos del color, del perfume y de la voz del Levante español, con la abundancia y la fragancia de una poderosa y masculina juventud.
Su rostro era el rostro de España. Cortado por la luz, arrugado como una sementera, con algo rotundo de pan y de tierra. Sus ojos quemantes, ardiendo dentro de esa superficie quemada y endurecida al viento, eran dos rayos de fuerza y de ternura.
Los elementos mismos de la poesía los vi salir de sus palabras, pero alterados ahora por una nueva magnitud, por un resplandor salvaje, por el milagro de la sangre vieja transformada en un hijo. En mis años de poeta, y de poeta errante, puedo afirmar que la vida no me ha dado contemplar un fenómeno igual de vocación y de eléctrica sabiduría verbal”.
Para la libertad, Miguel Hernández (Orihuela, 1910-Alicante, 1942) sangró, luchó y aún pervive.
Cronología de su poesía y dramaturgia
1933.- “Perito en lunas”
1934.- “Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras: auto sacramental”
1934.- “El torero más valiente”
1936.- “El rayo que no cesa”
1937.- “Viento del pueblo. Poesía en la guerra”
1937.- “Labrador de más aire”
1937.- “Teatro en la guerra”
1939.- “El hombre acecha”
1938 – 1941.- “Cancionero y romancero de ausencias”
Su obra dramática es paralela a la poética y presenta la misma evolución: desde la inspiración en modelos clásicos y en el contenido cristiano, hasta el activismo político de sus últimas piezas.
Quién te ha visto y quien te ve y sombra de lo que eras (1933-34): Auto sacramental que busca reproducir los del XVII de forma excesivamente fiel y que resulta, además, irrepresentable por su longitud.
Los hijos de la piedra (1935): Esta pieza aparece con motivo del levantamiento de los mineros asturianos sofocado por Francisco Franco.
Teatro de guerra (1937)
El labrador de más aire (1937): Dramas sociales en los que el influjo de la obra de Lope, sobre todo de Fuenteovejuna, es evidente. Esta obra, lo mismo que Los hijos de la piedra, plantea el problema de la injusticia social.
Pastor de la muerte (1937): Pieza de propaganda dedicada al heroísmo de los defensores de Madrid que está entre lo mejor de su teatro.

domingo, 26 de octubre de 2014

Dionisio Cabal, concierto en la Sala Garbo: “Con tres heridas viene”-

Este viernes 31 de octubre, en la Sala Garbo, a partir de las 7.45 p.m.  el cantautor Dionisio Cabal dará su concierto “Con tres heridas viene”- Homenaje a la vida y la obra del poeta español Miguel Hernández. Afluente importante de los contenidos de  las canciones de Cabal, Hernández es objeto de homenajes, cada año, en el mundo sensible de habla hispana que le considera sencillamente poeta imprescindible. Cabal será acompañado en la guitarra por su invitado especial, el guitarrista Alex Sandoval.  Pueden hacerse las reservaciones y solicitarse información a los teléfonos 2222-1034 y 8994-4987. El público podrá participar de una intensa y emocionante atmósfera de verso y canción. Poemas cantados con melodías creadas por Alberto Pérez (del grupo Los Lobos, de España), Alberto Cortez, Joan Manuel Serrat, Paco Ibáñez y el propio Dionisio Cabal. Es una realización de Más Cultura Producciones.

LAS TRES HERIDAS DEL POETA.

LA DE LA VIDA.- Hernández tuvo por primer oficio la trashumancia, ser pastor de cabras en la abrupta región valenciana que le vio nacer y que talló su carácter y sus horizontes poéticos. Pobre como el que más, vivió una vida dura alimentada por el hambre de justicia y la sed de amor. A los 22 años ya contaba entre sus amigos a Pablo Neruda y a Vicente Aleixandre.  Al acaecer la Guerra Civil Española se enroló como combatiente republicano en el  famoso 5to Regimiento en 1936, formado en Madrid. Combate en Teruel, Andalucía y Extremadura. En 1937 se casa con Josefina Manresa y traba amistad con el gran poeta peruano César Vallejo.

LA DE LA MUERTE.- Al caer la República Española ante el fascismo, traicionada por las democracias europeas, Miguel Hernández sufre su primera muerte. El hombre que había llenado de versos libertarios las trincheras verá la sombra triunfante del eje Berlín-Roma sobre el sacrificio de los grandes pueblos de España. Luego sufrirá prisión por varios años,  siendo trasladado a distintos centros penales. Murió en la cárcel de Alicante, a las 5.32 minutos de la madrugada del 28 de marzo de 1942. Tenía 31 años. Da escalofrío saber que no pudieron cerrarle los ojos (y en ello se inspirará Vicente Aleixandre: “Tus grandes ojos azules/ abiertos se quedaron bajo el vacío ignorante…”).

LA DEL AMOR.- Quedan, para que la humanidad se mantenga en vela, sus libros poderosos.  Poeta sin concesiones, emociona y compromete a los lectores. No se puede ser neutral estéticamente (esto es, ideológicamente) ante los poemas de Hernández. Todo es amor, pasión, fuerza arrebatadora de la vida. Desesperadas ganas de vivir y de que la vida sea plena en el sentimiento, construida con besos, abrazos, tierra, panes, vuelos, rayos generadores, ternuras y bellezas, repudiando la maldad calamitosa del dinero, el egoísmo y la indiferencia.

Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!

Pablo Neruda

Mutis y Batallas Hubo

I
Casi al amanecer, el mar morado,
llanto de las adormideras, roca viva,
pasto a las luces del alba,
triste sábana que recoge entre asombros
la mugre del mundo.
Casi al amanecer, en playas pizarra
y agudos caracoles y cortantes corolas,
batallas hubo, grandes guerras mudas
dejaron sus huellas.
Se trataba, por fin,
del amor y sus hirientes hojas,
nada nuevo.
Batallas hubo a orillas del mar
que rebota ciego y desordenado,
como un reptil preso en los cristales del alba.
Cenizas del amor en los altares del mundo,
nada nuevo.


II

De nada vale esforzarse en tan viejas hazañas,
ni alzar el gozo hasta las más altas cimas de la ola,
ni vigilar los signos que anuncian la muda invasión
nocturna y sideral que reina sobre las extensiones.
De nada vale.
Todo torna a su sitio usado y pobre
y un silencio juicioso se extiende, polvoso y denso,
sobre cada cosa, sobre cada impulso
que viene a morir contra la cerrada coraza de los días.
Las tempestades vencidas, los agitados viajes,
sólo al olvido acuden, en su hastiado dominio
se precipitan y preparan nuevas incursiones
contra la vieja piel del hombre
que espera a su fin
como pastor de piedra ingenua y a ciegas.

III

Y hay también el tiempo que rueda interminable,
persistente, usando y cambiando,
como piedra que cae o carreta que se desboca.
El tiempo, muchacha, que te esconde en su pecho
con tus manos seguras y tu melena de legionaria
y algo de tu piel que permanece;
el tiempo, en fin, con sus armas ocultas.

Nada nuevo.

martes, 2 de septiembre de 2014

Lihn

Se condenó escribiendo, dijo de sí mismo Enrique Lihn

Enrique-Lihn 2

Recopilación Erika Henchoz

erikahenchoz@gmail.com
Lúcido. De una vastísima cultura. Lihn es, para poetas y escritores (tan urgentes para nosotros, los más mortales), el maestro de la poesía, aunque se reconociese como un insatisfecho en cuanto a su producción literaria. Podría decirse de Lihn:  sí, cada ‘poeta’ con su tema, y es que desde su siempre crecido mar de noches relampagueantes, supo replantearse  la vida y  la muerte desde la prosa y la poesía. Su frase, ‘Pruebo, con frialdad, el gusto de la muerte… habla de su visión escéptica y también ácida -una al lado de la otra- de manera indivisible.
“Escribir hacía de él un ser en permanente reflexión, análisis e indagación de los aspectos más profundos y esenciales de su propia existencia, de la colectiva y del llamado “yo psico-literario”, como lo expresó Pablo Poblete en una entrevista que le hizo a Enrique poquísimos meses antes de su muerte.
Poblete  lo entrevistó sobre diversos puntos de vista del ejercicio de la crítica literaria y la escritura, teorizando junto a él mucha de su obra publicada y otra en revisión.
“A pesar de estar consciente de que su enfermedad era más fuerte que su digno combate por vivir, revela una notable juventud poética a través de su incansable curiosidad creativa”, escribió Poblete.
Con esa palabra desnuda altisonante y en guerra que le caracteriza  y sin que nada quedase en él por decir, Enrique Lihn pronuncia sin vacilación:
¿Porqué escribí? Ahora que quizás, en un año de calma, / piense: la poesía me sirvió para esto: / no pude ser feliz, ello me fue negado, / pero escribí. / Escribí: fuí la víctima / de la mendicidad y el orgullo mezclados / y ajusticié también a unos pocos lectores; / tendí la mano en puertas que nunca, nunca he visto; / una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies. / Pero escribí: tuve esta rara certeza, / la ilusión de tener el mundo entre las manos / ¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco / con toda su crueldad innecesaria / Escribí, mi escritura fue como la maleza / de flores ácimas pero flores en fin, / el pan de cada día de las tierras eriazas: / una caparazón de espinas y raíces / De la vida tomé todas estas palabras / como un niño oropel, guijarros junto al río: / las cosas de una magia, perfectamente inútiles / pero que siempre vuelven a renovar su encanto. / La especie de locura con que vuela un anciano /detrás de las palomas imitándolas/ me fue dada en lugar de servir para algo. / Me condené escribiendo a que todos dudarán /de mi existencia real, / (días de mi escritura, solar del extranjero). / Todos los que sirvieron y los que fueron servidos /digo que pasarán porque escribí /y hacerlo significa trabajar con la muerte / codo a codo, robarle unos cuantos secretos. / En su origen el río es una veta de agua /allí, por un momento, siquiera, en esa/ altura / luego, al final, un mar que nadie ve / de los que están braceándose la vida./ Porque escribí fui un odio vergonzante, / pero el mar forma parte de mi escritura misma: / línea de la rompiente en que un verso se espuma / yo puedo reiterar la poesía. / Estuve enfermo, sin lugar a dudas / y no sólo de insomnio, /también de ideas fijas que me hicieron leer / con obscena atención a unos cuantos psicólogos, / pero escribí y el crimen fue menor, / lo pagué verso a verso hasta escribirlo, / porque de la palabra que se ajusta al abismo / surge un poco de oscura inteligencia / y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados. / Porque escribí no estuve en casa del verdugo / ni me dejé llevar por el amor a Dios /ni acepté que los hombres fueran dioses/ ni me hice desear como escribiente/ ni la pobreza me pareció atroz / ni el poder una cosa deseable / ni me lavé ni me ensucié las manos / ni fueron vírgenes mis mejores amigas /ni tuve como amigo a un fariseo / ni a pesar de la cólera / quise desbaratar a mi enemigo. / Pero escribí y me muero por mi cuenta, / porque escribí porque escribí estoy vivo.

Escritor de géneros, sin fronteras

Lihn nació un 3 de setiembre de 1929.  Tenía 59 años cuando falleció víctima de un cáncer pulmonar, en 1988. “Hombre polifacético, era, además de poeta, dibujante, locutor de radio, dramaturgo, actor, pintor, profesor y columnista de periódicos y revistas. En Santiago, junto al poeta Nicanor Parra, creó el Instituto de Estudios Humanísticos de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile, donde se ganaba la vida como profesor”, citan sobre Lihn.
“En el año ’64 publiqué, dice Lihn,  un libro de cuentos y seguí escribiendo muchos textos en prosa, novelas que quedaron inconclusas por razones que tenían que ver con el hecho de que los escritores de mi generación eran casi todos prosistas y hacían un tipo de literatura con la que yo me sentía comprometido y que era un obstáculo, en realidad, para hacer lo que yo quería hacer durante un tiempo. Así, es que para mí son campos colindantes que recorro.
Respeto las fronteras, pero paso de un lado a otro, como un mercader que trae cosas de aquí para allá, y creo que hay cosas que son transportables, que se pueden pasar, pero otras no. No se puede hacer un cuento poético porque es una lata, ni una poesía narrativa, puramente narrativa, porque no tiene sentido; son procedimientos distintos pero sí se puede “mercar” entre esos campos. Siento que eso es lo que hago; podría pensar en algún momento en considerar que soy un escritor y varios autores, por ejemplo, lo que pensaba Pessoa cuando creó sus heterónimos, las distintas personalidades de un escritor, pero quizás, también sería una pretensión, ¿verdad?  Para mí es igualmente fácil en un momento trabajar en una cantera u otra, eso depende de lo que quiera hacer”.
Pregunta Poblete a Enrique: como poeta, ¿cuál es tu relación con la muerte?
“Bueno, diría, obsesiva y exorcista. Yo le he dado espacio en lo imaginario a la muerte, como una manera aparente o supuesta de mantenerla “a raya”, o de inmiscuirla en la vida, pero ha sido excesivo, por lo que me doy cuenta. Cuando he tenido una experiencia más cercana con la muerte, esa obsesión tanática me parece literaria. .. Cuando uno está pensando en la muerte, para los psicoanalistas de la escuela freudiana, la obsesión de la muerte es una cuestión erótica. Son otros problemas los que se ventilan con la obsesión de la muerte. A mí me interesa ese punto de vista; no sé qué desarrollo ha tenido, pero la obsesión de la muerte tiene que ver con asuntos que se relacionan con la vida y, bueno, toca la casualidad tanático-erótica que se dan las dos cosas simultáneamente. Si existe alguna diferencia entre experiencia vital y escritura, yo diría que esa diferencia, en mi caso, se cancela de alguna manera, porque hay una correspondencia también entre las dos cosas, la relación tanático-erótica, la dificultad para establecerse en la tierra residencialmente, una dificultad para quedarse allí bien instalados, una cuestión de ruptura en el sentido del desgarro en las relaciones humanas que corresponde, me parece a mí, a la escritura, en ese aspecto…”
Entre los amigos más queridos del poeta, estuvo Antonio Cisneros quien lo a través de un artículo publicado en el diario El país, de España.
“Domingo 10 de julio, 1988. La misma tarde que llegué al aeropuerto de Santiago de Chile fue la última tarde de Enrique Lihn sobre la tierra. Ese aire fresco, seco y con olor a pinos de Pudahuel, era el aire que ahora la vida le negaba a Enrique, agonizante y noble. Murió en su ley. Se negó a la abusiva oferta de una extremaunción, rito que deslucía con su fecunda y bien llevada vida atea y laica. Tampoco aceptó las benevolentes drogas que adormecen el alma en el último instante.
Quiso enfrentarse a la muerte, lúcido, como los marineros en alta mar y los hombres de bien. Rodeado por las muchachas y los muchachos que fueron, sintió cada uno de los pasos de gato, leves, inexorables, dolorosos, del cáncer terminal. Poco antes de su última hora, entró en un delirio en el que aparecía rodeado de espejos. Luego le sobrevino una febril, no desgarrada, preocupación por los tantos proyectos inconclusos. Entonces se durmió.
Ese rostro apacible, casi beatífico, contrastaba con el aire hosco (sólo el aire) que lo acompañó en los 59 años de su vida. Algunos amigos solían decir que Enrique no usaba loción de afeitar sino vinagre. Rezongón, bufando contraviento y marea. Incómodo con el mundo y, sobre todo, con su propia persona.
Creador incansable. Perfeccionista. Poeta, narrador, dibujante, crítico, dramaturgo. Jamás se recostó en las certezas ni en los lechos de rosas. Socialista, apoyó la experiencia de Allende, pero nunca convino con las sectas o dogmas (que también existieron). Y no fue del poder. Y en estos años de la dictadura, refundado más que nunca, sobrevivió en el exilio interno sin aceptar (ni por error) las prebendas o el beneficio de la vista gorda del clan de Pinochet.
¡Yo lo conocí bien y mucho! Desde hace ya 24 años. Yo lo quería y creo que él a mí. Santiago, La Habana, Nueva York, París, varias veces en Lima. Enrique tenía una curiosa vocación peruana. La Estación de los Desamparados es un poemario que habla del Perú. Sabía de nosotros como pocos. Su alma marginal bien se llevaba con esta realidad de marginales (…).
Con sus ojos rojos de carnero, su melena revuelta, su boca inmensa, pensaba sentar sus reales en la caleta de Huanchaco, entre los cebiches y los caballos de mar.
En el cementerio de Santiago le despidieron casi doscientas personas. Ningún discurso oficial. Ni de la oposición ni del Gobierno. Un par de amigos tomaron la palabra. Nada solemne, que no sea el mismo hecho de la muerte. Las olas de Huanchaco, en el norte del Perú, golpean contra una playa inmensa y vacía”.

Otros datos sobre su vida y obra

Nace en Santiago de Chile en 1929. Realizó sus estudios básicos en el Saint George College, posteriormente en el Colegio Alemán y en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile.
Lihn fue miembro de la generación del 50, inició muy joven la carrera literaria. Fue profesor del Departamento Humanístico de la Universidad de Chile y en 1965 viajó a Paris gracias a una beca de Museología de la UNESCO.
Vivió en Cuba y EE.UU., donde recibió la beca Guggenheim, en 1978.
Entre sus libros de poesía destacan: Nada se Escurre en 1949, Poemas de este tiempo y de otro en 1955, Poesía de paso en 1966, Situación Irregular en 1977,  A partir de Manhattan en 1979, El Paseo Ahumada en 1983 y Diario de la muerte en 1989.
Entre sus galardones sobresalen el Premio Municipal de Poesía 1970 por su obra La musiquilla de las pobres esferas y el Premio Casa de las Américas de Cuba por su obra Poesía de paso en 1966. Falleció en 1988.

Monólogo del viejo con la muerte.

https://www.youtube.com/watch?v=YDSgfYeMaR0

lunes, 18 de agosto de 2014

Santorini con amor

El horizonte sigue siendo un profundo referente de los sueños; desaparece en Santorini, porque cielo y mar no tienen principio ni fin, son el propio sueño. eh


jueves, 7 de agosto de 2014

Apollinaire

¡Cómo la vida es lenta y la esperanza violenta! al decir de Apollinaire

Guillaume Apollinaire

Selección por Erika Henchoz

Apollinaire pasó a la historia de la literatura universal como uno de los poetas más lúcidos, audaces y renovadores de todos los tiempos. Fue columnista en “Mercure de France” y en 1903  fundó “La revue inmoraliste”.  Amigo de importantes escritores y pintores de la época, fue gran impulsor del cubismo y el surrealismo, aportando obras  célebres como”Caligramas”,  “Alcoholes” y “Zona”  que influyeron notablemente en las generaciones posteriores. Obtuvo la nacionalidad francesa y se alistó como voluntario en la primera guerra mundial. En 1916 fue herido de gravedad, falleciendo dos años más tarde.
Tan contundente ha sido descubrir lo que dicen de él -conocidos y biógrafos- que por primera vez esta síntesis se presenta acá con párrafos completos tomados de sitios diversos para ofrecer lo que reflejan en cuanto a su personalidad, el estilo y anécdotas de sus  38 años de vida.
Apollinaire fue, aparte de poeta, novelista y ensayista y crítico de arte. Su amistad con Picasso trajo a sí múltiples acontecimientos como parte de la gran amistad que tuvieron.
Se dice que Guillaume Apollinaire descubrió algo más grande que un simple “estremecimiento nuevo”: un nuevo mundo de poesía. Dio tono a su época, lo  mismo que en las letras hispánicas lo diera Rubén Darío a la primera década del siglo.
Muchas de las referencias acá señaladas son de su amigo el novelista Andrés Billy.
En su libro Apollinaire vivo, Billy asienta esta verdad que nadie ha rebatido porque nadie podría rebatirla sin errar: “Revivificó la poesía moderna empapándola en las fuentes primitivas del lirismo. Ejerció sobre las artes tal influencia que, después de su desaparición… la pintura busca en vano el sentido de su propia dirección”. Apolllinaire reformó la poesía y la pintura. otras cosas hubiera reformado, sin duda,  de no haber muerto poco después de cumplidos los 38 años.
“Cierta noche, al mediar la segunda semana de noviembre de 1918, encontré en  la Y.M.C.A., donde ambos habitábamos, al director del Boletín Financiero y Minero de México, quien solía firmar en su diario artículos sobre asuntos bursátiles con el seudónimo de Kostro, apócope de su apellido. Se llamaba Alberto  Kostrowitzky. Como vistiera de luto me interese por su duelo, y me respondió: -He  recibido la noticia de la muerte de mi hermano. Era uno de los más grandes poetas de Francia…”
Su acta de nacimiento sólo indica el apellido de su madre, de nacionalidad rusa, cuya familia era oriunda del castillo de Wawel, en Cracovia, la vieja ciudad de la Polonia austriaca. El abuelo del poeta fue un general polaco; ese abolengo explica quizás el entusiasmo de niño por el juguete nuevo que mostró al estallar la guerra.

Nace en 1880 y muere en 1918

Apollinaire nació en Roma el 26 de agosto de 1880 y fue bautizado en la basílica de San Pedro. Algunos años después su madre se trasladó a Mónaco,  y más tarde a Cannes y a Niza, en donde  sus dos hijos Alberto y Guillermo, estudiaron en el liceo o escuela preparatoria. En Mónaco, Apollinaire  fue alumno interno en el  colegio de San Carlos, dirigido por religiosos.
De su educación religiosa conservó el poeta un fondo de misticismo, y quizás pueda verse en ella  el origen del “gusto  por la batalla teológica” que inspira algunos de los originalísimos cuentos del Heresiarca y Cía.
Apollinaire escribió sus primeros versos a los trece años. Comenzó firmándolos con el seudónimo de Guillermo Macabro, pero poco después adoptó el que había de inmortalizar. Sin embargo, hay  poemas suyos firmados por Wilhelm Kostrowitzky.  Marca la obra de sus comienzos la influencia de Rimbaud, “de quien, dice el poeta Luis Thomas,  guardará siempre el ardor e ímpetu de la imagen”.
Empezó su juventud viajando. No es posible seguirle en sus peregrinaciones, mal conocidas. Llegó a París en 1898 y ganó difícilmente su pan durante varios años. Una estancia en Loyd la empleó en “inmensas lecturas”. En 1902 estuvo en Bohemia,  como revela en la primera línea de su cuento El  pasante de Praga, con que comienza el libro antes citado. Ese viaje,  que le llevó además por Walonia,  Renania y Baviera -en donde fue durante algún tiempo modesto preceptor- le inspiró parte de los mencionados cuentos. Pretendía haber viajado a pie y sin dinero, y contaba que en Praga durante dos días  no comió más que un queso camembert.
Sus amigos insisten, sobre todo,  en su particular don de simpatía. ¡Grande debió ser para dejar en torno a su  memoria tanto fervor ! Es siempre muy difícil  precisar en qué consiste esa misteriosa atracción que ejercen ciertos caracteres.
De Apollinaire trata de explicarlo el crítico Marcelo Hiver.
“Primeramente, dice,  un aire grande, calmoso, seguro de sí mismo,  un acento particular, una sonrisa de indefinible  gracia y un no sé qué  distante a pesar  de la cortesía;  después, su arte de las conversaciones estimulantes, inquietantes, la atrayente frialdad de su espíritu ágil y variado, sus  dotes de extraordinario equilibrista intelectual, y quizás algo, en fin,  del famoso “encanto eslavo”.
El poeta Juan  Royére completa la explicación:
“Había  conservado todo el frescor, el entusiasmo y la potencia de la  infancia adorable:  algo había en él un poco librado al azar y desordenado. la influencia de la  herencia materna es evidente en su gusto por lo raro;  de ella tenía sin duda el lado “niño” de su carácter; ella explica sus aficiones por lo exótico, sea la “invención” de la escultura negra,  sea la fervorosa defensa del cubismo, su gula de novela picaresca, su amor por el atrezzo romántico de la noche, sus predilecciones literarias: declaraba siempre no haber leído a los autores modernos, pero devoraba los innumerables volúmenes del folletinesco Fantomas y no acababa nunca ni de explicar sus aventuras ni de elogiar la obra.
Con la intuición de los elegidos mediante los cuales la verdad se filtra hasta el hombre, Apollinaire  descubrió el secreto del “paréntesis”:  la creación de estados nuevos del espíritu.  “¡Ah, que la vida es cotidiana!” suspiraba Laforgue. ¡Cómo la vida es lenta y cómo la esperanza es violenta !” repite en eco Apollinaire, treinta años después. Su estética,  su filosofía, es romper lo cotidiano, acoger con alborozo todos los cambios que nos brinde la vida y,  por supuesto, provocarlos.
Apollinaire creaba, pues, espontáneamente, amplios paréntesis de “suprarealidad” en su vida, paréntesis a los que Billy ha llamado “el estado de espíritu apolinario”.
Son, dice “una burla sin hiel expresada con grandilocuencia en un estado de libre exaltación espiritual, una embriaguez lírica,  un acorde sutil e ingenuo con todas las cosas, una comunión fraternal y alegre con el universo. Apollinaire  amaba así, añade, la alegría, y su espectáculo no le bastaba; siempre se esforzaba por tomar parte en ella; amaba el sol, el ruido, las risas, las palabras vulgares y sabrosas del pueblo, y la charla con los obreros.”
Y otro amigo, el poeta Fernando Fleuret:
“En los cafetines singulares que conocía, ilustrados por la calidad de tal licor o por recuerdos literarios -aquí,  Moreas le había hablado de su padre y de su casita de Grecia rodeada de olivos;  allá, se embriagó Verlaine; en aquel rincón el autor de Ubu rey, Alfredo Jarry,  había vertido el tintero en su ajenjo-, se interesaba por las conversaciones de los bebedores en el mostrador, acabando por imaginar acerca de ellos fantásticas aventuras policíacas”. Las chispas de su risa doraron el fondo de su vida, diríamos con un verso suyo.
Como en su obra, puso a puñados  en ella el don de su hada madrina: la fantasía. La biografía de Apollinaire es una larga anécdota. ¡Bienaventurados los artistas que tienen leyenda, porque de ellos será el reino de la gloria! Un gajo de laurel ciñe ya la frente estrellada del poeta de Alcoholes por encima de su “aparato telefónico” de trepanado. Y ante esa imagen sentimos la envidiosa y sonriente simpatía que inspiran quienes supieron abandonar el polvoso y trillado camino  e ir, ligeros y alegres, a campo traviesa.
En rigor, nadie conoció completamente a  Guillaume Apollinaire, “porque ante todo,  dice Fleuret, trataba de seducir, y para agradar mejor se identificaba con su interlocutor. Encontrábamos un poco de nuestros pensamientos en los suyos y, a veces, de nuestras cartas en sus artículos”.
Y Andrés Salmón -el eminente poeta y crítico de arte, íntimo amigo suyo desde que se encontraran en el otoño de 1903 en un cafetín del Boul’ Mich’-, pintando en su estudio La vida de Apollinaire el aprendizaje del poeta como maestro de escuela, dice: “Ya desde entonces gustaba Apollinaire de cierto misterio”.
¡Ese misterio sin el cual no hay poesía! Erudito profundo -en libros raro, aunque ignoraba la obra de indiscutibles glorias-,  acaso haya querido dejar  a las curiosidades de  los eruditos futuros, temas  para las fiebres reposadas  de la busca y para las voluptuosidades  tranquilas del descubrimiento bibliográfico. No se le conocerá bien, en efecto,  hasta que sus comentaristas y biógrafos descubran y expliquen lo que él se divertía en enmarañar. Todavía tarda ese momento: sus amigos, perplejos y mal acostumbrados a su desaparición, cuentan sólo anécdotas y recuerdos.

Nos lo describen físicamente: 

“Era  floreciente en carne  como en espíritu:  robusto de tronco, pequeño de piernas, parecía mayor de lo que realmente era. Tenía la cabeza piriforme, como el  rey Luis Felipe,  y no le gustaba que se lo dijeran. Gran comedor, gran bebedor, gran fumador de pipa, gran andarín, capaz de borrar los estragos de una noche de frasca  con un cuarto de hora de sueño en una silla: ese era el hombre físico. La seducción que emanaba de su persona (y que perdura en sus poemas, que gustan o se desdeñan “porque sí”,  que es como se ama o se odia más profundamente)  se mezclaba a una autoridad riente y bufona;  ponía pompa en sus solemnes truismos.
Poseía un  gran poder de entusiasmo y una  gran facultad de ternura. Otros nos cuentan detalles pintorescos de su vida, en los que el hombre se revela más completamente que en cien líneas descriptivas. “Tenía, dice Billy, la manía de fijar valor mercantil  a todas las bellas puertas de las viejas mansiones burguesas o nobles”. En nuestro México ¿ en qué cifras no hubiera valuado,  perito mercantil de nuevo género, las tallas admirables que nos legó el Virreinato Billy  refiere  también que no abría sus cartas hasta dos o tres meses de recibidas;  y recordamos al  queirociano Jacinto,  cuya correspondencia desdeñada barría cual hojas marchitas,  melancólicamente, el negro Grillo.
A principios del siglo vivía Apollinaire en la casa materna, en el Vesinet, un pueblo de villas y jardines,  suspirada Meca de empleados, a 10 kilómetros de París. Cansado del ambiente y de perder invariablemente el  último tren nocturno,  acabó por instalarse en París,  a poca distancia de donde más tarde había de albergarse el teatro del Gran Guiñol. En el Vesinet conoció a los pintores Wlaminck y Andrés Derain, que formaban la naciente “Escuela de Chauteau”, pueblo inmediato. “De una serie de conversaciones nocturnas entre vecinos -dice Salmón- nació en el la ambición de consagrarse  a la defensa de la pintura moderna”.
Apollinaire fue encarcelado el 7 de septiembre de 1911;  se le acusaba de haber robado… ¡De haber robado La Gioconda  en el Museo de Louvre! Mientras escribía su Balada de la cárcel de Reading, que intituló Apollinaire  en la Salud -la cárcel de París-,  sus amigos reunieron firmas para protestar contra tan absurdo cargo, y habiéndose dirigido a M. Franz Jourdain, presidente de la Sociedad del Salón de Otoño, éste contestó: -¿Mi firma para que suelten a Apollinaire? Jamás. Si fuera para que lo ahorquen, con mucho gusto.
De su estancia de seis días en la  cárcel -el tiempo que fue “necesario” para que le interrogara el Juez de Instrucción y,  convencido del deplorable error de la policía, le pusiera inmediatamente en libertad- Apollinaire guardó una larga impresión de terror, que sus amigos se esforzaron por disipar. “Esa aventura, dice Billy, le hizo entrar en la notoriedad  por la puerta del infierno”.
La prisión de Apollinaire ha dado lugar a torcidas interpretaciones cuando no a fábulas que  mancillan  injustamente su memoria. Así, en un artículo publicado en La Prensa de San Antonio, Texas, el 4 de diciembre de 1928, y reproducido el mismo día por La Opinión de Los Ángeles, California, don Victoriano Salado Álvarez,  aunque tan sabedor de todo, incurrió, entre errores de  menor cuantía, en el de afirmar que,  a consecuencia  de la trepanación, Apollinaire “dio en la cleptomanía. El tribunal del Sena, agregaba, lo condenó por la sustracción de unas estatuillas griegas del Louvre, y según parece su muerte se debió a las contrariedades que le acarreo la sentencia”. Rectificando ése y los demás  errores -debidos, según aclaró el articulista, a la defectuosa información que encontró en algún periódico de Barcelona-  le escribí una larga carta, que, aunque privada, él me hizo el honor de publicar en los citados diarios.
Apollinaire vivió ese ensueño prodigioso, lírico y bufón a la vez, que sólo los poetas saben descubrir en la guerra”.
Y no se crea que la actitud de Apollinaire obedeciera a falta de experiencia:  en 1915 escribía desde el frente Fleuret:
“esta vida es fantástica y todo esto es mucho más extraordinario de lo que yo hubiera creído,  sobre todo las trincheras y las primeras impresiones del primer obús cerca de uno. ¡Eso vale la pena de vivirse!”
En julio del mismo año, en otra carta agregaba: “la guerra es, decididamente, muy hermosa,  y a pesar de todos los riesgos que corro, del cansancio, de la falta absoluta de agua y, en suma, de todo,  en modo alguno estoy descontento de haber venido”.
Y después de herido y trepanado, seis meses antes de morir, publicó en el Mercurio  una nota sobre ciertos poemas en prosa aparecidos bajo el seudónimo de  Bertie Angle, expresándose en estos términos  significativos:
“Este álbum forma parte del corto número de  obras en donde la guerra no está considerada desde el punto de vista de una impecable tristeza. Se trata, sin embargo,  de un testigo. Me place esta pequeña élite de quienes han estado en la guerra y que han podido verla sin malhumor”. ¿La “guerra florida”?… No:  la guerra en encajes, como en el siglo XVIII; o mejor dicho, los aspectos accesorios,  pintorescos, de la guerra: no el infierno del bombardeo y del ataque, de los gases asfixiantes y de los lanzallamas, sino la guerra en su aspecto de gran removedora de hombres. ¡Qué más! Recién trepanado, Appollinaire recibía a sus amigos en el hospital y les mostraba su casco agujereado y el ejemplar de la revista manchado con su sangre;  y al hacerlo, reía…
Una excepción, sin embargo, en su peculiar punto de vista: en carta de abril de 1915 al escritor Farnando Divoire, le dice:  “lo único que me ha dado calosfrío fue,  yendo solo (llevaba órdenes de un punto a otro) por un camino, un aeroplano Taube, que me  parecía estaba precisamente encima de mí y que lanzó una bomba que oí estallar. Eso, es desagradable”… Pero tres o cuatro líneas después, agrega: “oigo con placer el cañoneo y,  como todo el mundo, corro a buscar las espoletas de los obuses que estallan, para hacer anillos, cuando son de aluminio.  Como verás no nos aburrimos demasiado”.
¿Inconsciencia? Sería absurdo suponerlo:  optimismo, que le hacía ver   solamente lo amable o lo pintoresco de todas las cosas.
Bibliografía de Guillaume Apollinare
L’ encahnteur pourrisant, con grabados en madera de Andrés Derain; Kahnveiler, 1909; n.r.f.,  1921 – Lo poésie symboliste, en colaboración con P.N. Roinard y V. E. Michelet; L’Edition, 1909. – L’ hérésiarque et Cie., Stock, 1910; Delamain, 1922. – Le Bestiaire uo Cortege d’Orphée, con grabados en madera  de Raoul Dufy; Delaplanche, 1911;  La sirene, 1918. – Les peintres cubistes, Figuiere, 1912. – Alcools (1898-1913),  con un retrato por  Picasso; Mercure de France, 1913;  n. r. f.,  1920. – Case d’ armons (recogido en calligrammes), Aux Armées de la Republique, 1915. –Le poete assassiné, con un retrato por Andrés Rouveyre; L’ Edition, 1916. – Vitam impendere Amori, con dibujos de Andrés Rouveyre; Mercure de France, 1917. – Les mamelles de Tirésias; música de Germaine Albert-Birot;  dibujos de Serge Férat; Sic, 1918.  –Calligrammes (1913 – 1916); con un retrato por Picasso; Mercure de France, 1918; n. r. f., 1928. – Le  flaneur des deux rives, La Sirene, 1918. – OBRAS PÓSTUMAS: La femme assise, n. r. f., 1920. – Il y a …, Messein, 1925. –

Piedra de Luna

Como tus dientes, si, Como tus huesos extendidos bajo el viento que todo lo lava y limpia. Como aquella lluvia relampagueante en el Alta...