miércoles, 19 de junio de 2013

Dalton en Literofilia.com

Dalton fue poeta de amores torrenciales, dijo Viglietti

Roque-Dalton-Sepia

Erika Henchoz, editora de Literofilia

Selección y recopilación

La vida paga sus cuentas con tu sangre y tú sigues creyendo que eres un ruiseñor. R. Dalton
“Nadie tan latinoamericano como Roque Dalton y nadie tan multitudinario.  En vez de células, su cuerpo contenía a todas las muchedumbres de América Hispana, a los de a pie, a los hacelotodo. Por sus poros respiraban los bosques, las lianas, las montañas de su patria. En sus huesos, la médula era verde y en su linfa húmeda germinaban la yerbabuena y la santamaría. Muchacho flaco, ojeroso, sonámbulo, se comía las uñas y odiaba las inyecciones de vitamina B. Como San Tarcisio, fue de los cristianos primitivos, de los escondidos en las catacumbas durante el imperio romano; a Roque lo patearon en las cárceles clandestinas, y las únicas hostias que se le metieron al corazón fueron los trozos de pan que él quiso repartir y le devolvieron como pedradas…”.
Así subraya entre líneas de buen recuerdo, amor y coraje Elena Poniatowska en el prólogo de uno de los poemarios de Roque, “Un libro levemente odioso”.
Roquito hacía reír hasta las piedras dijo, por su parte, Eduardo Galeano, “Hacía reír porque rompía los lugares comunes. Nadie menos solemne que Roque Dalton, nadie más capaz de hacer reír hasta las horas negras, más dispuesto a aventarse a pecho abierto contra el peligro, nadie más accidentado”.
“Vengan, ya llegó Roque”, en la escuela Roque era el ombligo del recreo, Roque el corazón de la manzana, Roque la mirada en el centro. También en la universidad era el líder. Violento, purificador, Roque los echaba a andar, los expulsaba del tiempo, los sacaba de su envoltura humana, los aventaba al amor, a la profunda noche amorosa, a la poesía de todos, la que se dice en la calle, la que se canta, la de los trovadores”, palabreó con amor Galeano.

Porque Roque  fue para nadie más que para sí,  un pobrecito poeta

Fue  poeta de amores torrenciales por los suyos. “Por los pobres más pobres de su Salvador amado y armado” increpa Viglietti en su canto; y el que nunca entendió como su país podía llamarse así.
Nació en la barriada San José, en San Salvador,  El Salvador un 14 del mes de mayo, y lo asesinaron a traición en su propia patria, un 10 de mayo, de 1975,  a los 39 años (le faltaron 4 días para cumplir 40); dos años después de haberse enfilado en el Ejército Popular del Pueblo (EJP). Fue perseguido, juzgado y ejecutado por sus mismos compañeros. Su cuerpo fue dejado en el monte.
Había dejado su militancia por desavenencias políticas desde 1967. Sale del país y regresa en 1973.  Su vida transcurre en una época en la que la izquierda de su país vivió una represión sin medida y que se saldó con miles de fusilados. Los hechos son testimonio en su novela Miguel Mármol.
Estudia Derecho y Antropología en las Universidades de el Salvador, Chile y México. Trabaja como periodista y se dedica a la literatura.
Su padre, migrante norteamericano, lo educó con  los jesuitas, y confesándose Roque católico, a los 22 años ingresó altivo en el Partido Comunista Salvadoreño. “Su actividad literaria corre paralela a la militancia revolucionaria y el reconocimiento de su valía como escritor coincide a su vez con las primeras encarcelaciones. Miembro del Círculo Literario Universitario junto con Otto René Castillo, nuestro querido siempre, Manlio Argueta, Roberto Armijo y Alfonso Quijada, entre otros. Roque ostentó  el Premio Centroamericano de Poesía en tres ocasiones (1956, 1958 Y 1959) y el Premio Casa de las Américas por Taberna y otros lugares, considerado como su mejor libro. Fundador del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), muere asesinado en 1975 por compañeros de esa organización”, dicen sus biógrafos.
Para el Premio Casa de las Américas, el jurado estuvo constituido por Efraín Huerta, de México: José Agustín Goytisolo, de España; Antonio Cisneros, de Perú: René Depestre, de Haití:  Isadora Aguirre, de Chile quien en 1999 le dedica  la novela Carta a Roque y Roberto Fernández Retamar, de Cuba.  El jurado tuvo que elegir entre 221 participantes. La decisión fue sin embargo unánime, y premió, no sólo a uno de los poetas más “vitales y removedores ” de América Latina, sino también a uno de los que mejor han sabido conjugar el compromiso político con el rigor artístico.
Por su militancia política no escapa de las cárceles y el destierro, donde llega a vivir a Guatemala, México, Cuba, Checoslovaquia, Corea, Vietnam del Norte y otros países. Procreó con Aída, su esposa a  Roque Antonio quien murió en octubre de 1981, durante la guerra civil, Juan José y  Jorge Dalton.

Poesía de anécdotas

No se puede negar su influencia entre poetas salvadoreños y centroamericanos que le siguen. Ha sido profusamente traducido, y aún hoy su obra cuenta con muy buena crítica.  Produjo también ensayo ideológico, artículos periodísticos y narrativa experimental, con lo cual se ganó la vida.
Al merecer el Premio Casa de las Américas, Roque Dalton ofreció una de las entrevistas más importantes  que se le conoce, a Mario Benedetti en 1969, justo en La Habana. Consultado sobre la trayectoria de su poesía, responde:
“Al igual que un gran número de poetas latinoamericanos de mi edad, partí del mundo nerudiano, o sea de un tipo de poesía que se dedicaba a cantar, a hacer la loa, a construir el himno, con respecto a las cosas, el hombre, las sociedades. Era la poesía-canto. Si en alguna medida logré salvarme de esa actitud, fue debido a la insistencia en lo nacional.
El problema nacional en El Salvador es tan complejo que me obligó a plantearme los términos de su expresión poética con cierto grado de complejidad, a partir por ejemplo de su mitología. Y luego, cierta visión del problema político, para la cual no era suficiente la expresión admirativa o condenatoria, sino que precisaba un análisis más profundo. Esto me obligó a ir cargando mi poesía de anécdotas, de personajes cada vez más individualizados. De ahí provienen ciertos aspectos narrativos de mi poesía, aunque, llegado a determinada altura, tampoco resultaron suficientes y debieron ser sustituidos por una suerte de racionalización de los acontecimientos. Viene entonces mi poesía más ideológica, más cargada de ideas”.

Uno no podía estar con Roque sin estar riendo, dice Ernesto Cardenal

En Varadero compartieron playa. “Hay una foto de cuando mi primera visita a Cuba, en la que estoy con Roque Dalton en la playa de Varadero, los dos en traje de baño, y los dos estamos tan flacos que parecemos dos insectos, y los dos nos estamos riendo”.
“Una vez me dijo en Cuba muy serio pero siempre riendo: _Cuando te oigo hablar de los obispos de Nicaragua me parece que estás hablando de los dirigentes del Partido Comunista de mi país, que son unos cabrones. Pero por eso mismo yo no salgo de mi Partido, porque hay que componerlo desde dentro y no dejárselo a los cabrones”.
También me dijo en otra ocasión: “Los Partidos Comunistas de América Latina son lo más corrompido que te podés imaginar. Te hablo con conocimiento de causa porque soy miembro militante del Partido Comunista de El Salvador. Pero yo entré porque creo que las personas decentes deben entrar a estos partidos y no dejarlos sólo a los cabrones”.
“He relatado en mis Memorias que él nos contaba que lo pusieron a recaudar fondos, y algunas veces en el fin de semana se bebía esos fondos. Le hicieron un juicio, y lo iban a expulsar, y entonces él recurrió a la autocrítica. Le era fácil porque en el colegio jesuita había estado acostumbrado a la confesión. Hizo una confesión muy humilde y todos los camaradas lo elogiaron, menos un comunista viejo, un sastre, que dijo que él no se dejaba engañar, que esa autocrítica había sido para recibir elogios como los estaba teniendo, y que lo que hizo lo volvería a hacer. Y Roque reconocía que el viejo había tenido razón.
También en Cuba nos contaba Roque a Cintio Vitier, a Fina su esposa y a mí, que cuando estuvo preso en El Salvador, como se negaba a hablar lo iban a fusilar al día siguiente. Lo que más le aterraba no era la muerte sino lo que le dijeron que iban a decir: que antes de morir él había delatado a los compañeros. Ciertas cosas que ellos ya sabían iban a decir que las sabían por él. Desesperado se arrodilló en la cama de la celda, y oró a Dios diciéndole que era ateo y no podía creer en él, pero que hiciera un milagro. Y nos dice: “La suerte loca hace que esa noche haya un terremoto y se cae la cárcel y yo me escapo”. Le dice Fina: “Nosotros le damos otro nombre”. Desde entonces cuando conversábamos con Roque y aludíamos a Dios decíamos “La Suerte Loca”.
También suele hacer bromas y burlas acerca de él mismo. Tenemos por ejemplo aquel poema titulado No, no siempre fue tan feo, que comienza:
Lo que pasa es que tengo una fractura en la nariz
que me causó el tico Lizano con un ladrillo
porque yo decía que evidentemente era penalti
y él que no y que no y que no
nunca en mi vida le volveré a dar la espalda a un futbolista tico
el padre Achaerandio por poco se muere del susto
ya que al final había más sangre que en un altar azteca
y luego fue Quique Soler que me dio en el ojo derecho…
Hablando jocosamente de su país decía que había que dar premios de resistencia por ser salvadoreños. Y también dice:
Todo es posible en un país como éste
que, entre otras cosas tiene el nombre más risible del mundo:
cualquiera diría que se trata de un hospital
o de un remolcador”.

Villalobos nunca pagó su crimen

Se dice que Dalton muere a manos de Joaquín Villalobos quien después de abandonar el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional formó un partido centrista, el Partido Demócrata, que se disuelva en 1990. Además de Joaquín Villalobos, Alejandro Rivas Mira y Vladimir Rogel Umaña figuran como responsables de la ejecución.
Así lo reconoce Villalobos en una entrevista exclusiva aExcélsior cuando dijo que el asesinato del destacado escritor Roque Dalton es el error más grande que haya cometido en su carrera política como integrante del «colectivo» que decidió tal acción. Un «tribunal», del cual Villalobos «no quisiera hablar», lo condenó a muerte bajo cargos de «sedición», de «ser agente del enemigo y de la Agencia Central de Inteligencia (CIA)».   Pruebas fehacientes de los cargos que se le imputaron nunca fueron presentadas, por lo que años después  las acusaciones  fueron «totalmente devaluadas»;  se trató de un asesinato político sin justificación de ninguna índole, publicó Excelsior.
“Un manto oscuro se tendió sobre las verdaderas causas que llevaron al crimen de Dalton, quien además de  ser un destacado poeta, era un teórico de la lucha armada latinoamericana, con antecedentes de persecución, cárcel y exilio sufrido por las dictaduras de turno en su país.
Al interior de la izquierda salvadoreña el «caso Dalton» ha sido un tabú del cual no se habla para «no provocar asperezas ni dividir a la ex guerrilla», según se leía en el diario mexicano  el 16 de octubre del 2009.
Villalobos partió a Inglaterra a estudiar en Oxford. Nunca pagó por su crimen. “Ahora Villalobos es un crítico abierto de la izquierda de El Salvador y él también ha sido públicamente crítico de todos los movimientos de izquierda de otros países latinoamericanos, cercanos al presidente venezolano Hugo Chávez”, según reportes en Internet.
En 1993 ‘relató’ a los hijos del poeta las circunstancias del asesinato. Sobre ese relato, el  Excelsior de México es que realiza la publicación que se alude.

La vida no vale nada si ignoro que el asesino cogió por otro camino y prepara otra celada

“Joaquín Villalobos, quien ahora se proclama abanderado de una izquierda distinta y al parecer goza de la admiración de varias personalidades del mundo democrático, es nada más y nada menos que uno de los asesinos de mi padre, el poeta salvadoreño Roque Dalton García”, dice su hijo Jorge Dalton.
“Villalobos está muy lejos de pertenecer al círculo de amigos entrañables como Sergio Ramírez, Jesús Díaz, Raúl Rivero o Heberto Padilla, que por sus ideas, han sufrido destierro, cárcel, marginación y duras críticas de la izquierda tradicional latinoamericana. Joaquín Villalobos, es un oscuro personaje que pesa sobre sus hombros no sólo el cobarde y vil asesinato de Dalton, sino el de otras personas que engrosan la larga fila de desaparecidos en la más pequeña nación centroamericana.
“El ex comandante guerrillero, Atilio en esa época, vive tranquilamente, como lo hacen los ex militares genocidas salvadoreños que ordenaron el asesinato de las monjas norteamericanas en los años ochenta… enlutó muchos hogares salvadoreños con crímenes que han quedado impunes de la misma forma que ha sucedido con Monseñor Romero y los curas jesuitas asesinados por el gobierno militar, al cual Villalobos, combatía con tanta heroicidad”.
“Quisiera que alguien de esta izquierda democrática a la que Villalobos ya pertenece me respondiera ¿qué diferencia existe entre los genocidas argentinos, chilenos, guatemaltecos, salvadoreños y uruguayos que mataron y torturaron a diestra y siniestra y un también ex militar llamado Joaquín Villalobos, que a los crímenes cometidos por los justifica llamándolos cínicamente: “errores de juventud”? ¿Qué diferencia existe entre el crimen del poeta guatemalteco Otto René Castillo, el asesinato del escritor argentino Francisco Urondo, el crimen del poeta Leonel Rugama en Nicaragua, el crimen atroz perpetrado contra el cantautor chileno Víctor Jara y el magnicidio del poeta Roque Dalton en El Salvador?, reclamó Julio, su hijo.
Y  la pregunta del dolor. ¿Hubo juicio?  Se habla de un juicio, que Dalton murió por fusilamiento, ¿cuál es la realidad?  “- Sí, hay un juicio… un juicio, te voy dar incluso una incidencia de ese juicio que nunca se la he dicho a nadie; creo que fueron dos momentos del juicio. En uno de esos dos momentos llegó Felipe Peña, uno de los fundadores de las Fuerzas Populares Liberación (FPL)- con un pensamiento renovador totalmente distinto al que tenía Cayetano Carpio (Marcial)-, una de las gentes que admiré y quiero mucho, era casi un hermano para mí, igual que Rafael Arce, y él me hizo una reflexión que te digo no se me olvida nunca porque tenía razón y me dijo: «Mira, están cometiendo un gravísimo error»; simultáneamente habían otros, no voy a profundizar más, que nos recomendaban que lo hiciéramos; pero Felipe me dijo, «esto que están haciendo ustedes aquí, está totalmente amañado».
¿Qué capacidad, en el contexto de clandestinidad, con gente muy joven, sin ninguna formación profesional puede tener valor un juicio? Evidentemente, que aquello más parecía un juego, no había ninguna posibilidad de acumular pruebas, la posibilidad de defensa era incipiente; en ese sentido, yo me atrevería ahora a llamar juicio a aquello; no fue nada más que crear las bases para poder terminar de acometer la falta grave. Si hay una parte de la historia del proceso nuestro como organización que yo quisiera borrar, sería esa, rectificar y tener a Roque entre nosotros. Indiscutiblemente no hubo juicio, aunque nosotros hayamos dicho que eso fue un juicio. Entonces se llega a esa conclusión y se toma la medida de pena de muerte por fusilamiento por llamar a la insubordinación y se le pone la carga de que era agente enemigo, etc.
A estas alturas no me gusta ni decirlo, porque no tenía ninguna correspondencia con la realidad y es que esto tiene que ver con el nivel de fanatismo y romanticismo con el que se nace”, reconoce Villalobos a su entrevistador, Julio Dalton de 40 años de edad, entonces.

Obra publicada sobre él y de él

Veinticuatro años después de su asesinato, en 1999, el poeta y pintor salvadoreño Javier Alas publicó la primera biografía bajo el título Roque Dalton, el turno del poeta (Editorial Delgado, El Salvador). En 2002, Alvarenga sacó un trabajo más extenso, El ciervo perseguido. En 2006,  Melgar Brizuela defendió en el Colegio de México una extensa tesis doctoral sobre el autor del Poema de amor y en 2010, Alvarenga culminó su tesis sobre Dalton, defendida en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas.
Obra publicada daltoninana: Mía junto a los pájaros, poesía, San Salvador, 1958; La Ventana en el rostro, poesía, México, 1961 reeditada en San Salvador, 1979; El Mar, poesía, La Habana, 1962; El Turno del ofendido, poesía, la habana, 1963. Se dice que con este libro se consolidó como el poeta salvadoreño  más relevante de su tiempo.
Los Testimonios, poesía, La Habana, 1964; Poemas-Antología, poesía, San Salvador, 1967; Taberna y otros lugares, poesía, Premio Casa de las Américas, La Habana, 1969, (reeditado varias veces); Los Pequeños infiernos, poesía, España, 1970; Las Historias prohibidas de Pulgarcito, poema collage, México, 1979, (reeditado varias veces); Pobrecito poeta que era Yo, novela collage, Costa Rica, 1976; Poemas Clandestinos, poesía, Costa Rica, 1981; Poesía elegida, poesía, Honduras, 1981; En la humedad del secreto, Antología poética, El Salvador, 1994; Publicó algunos ensayos como: El Salvador (Monografía), Un libro rojo para LeninCésar Vallejo, La Habana, 1963;  El intelectual y la sociedad, 1969. ¿Revolución en la revolución? y la crítica de la derecha, La Habana, 1970.  Miguel Mármol y los sucesos de 1932 en El Salvador, 1972.
Daltónica, de Benedetti y Viglietti  ¡Canción y  poesía!


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NOTA DE LA EDITORA: Escritores del Mes http://www.youtube.com/watch?v=Fj7_ydqCv3A&feature=player_embedded

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