miércoles, 6 de julio de 2011

Nandayure Harley en ¡BAILAR POR SIEMPRE!

DANZA

La vida es bailar por siempre

ERIKA HENCHOZ mailto:erikahenchoz@gmail.com07:05 A.M. 26/02/2011
Nadie debería convertirse en bailarín si bailar no es una necesidad vital desde la transpiración de su piel hasta la expresión más viva de su espíritu. Así piensa la bailarina costarricense Nandayure Harley.

IMAGENES/FOTOS
  ha creado más de 30 coreografías. En 1993 recibió el Premio Nacional de Danza en la categoría de coreógrafa. Sus coreografías han sido premiadas en el Festival de Coreógrafos del Teatro Nacional.
Dedicada a tiempo completo a la creación coreográfica y a la docencia, esta mujer, de paso firme y alma viajera, cree que bailar profesionalmente quedó marcado en su espíritu. Ahora baila por siempre a través de su elenco.
Saber en qué momento corresponde a un bailarín dejar las tablas será siempre un misterio. Por ejemplo, Alicia Alonso,prima ballerina cubana, abandonó los montajes del Ballet Nacional de Cuba a los 71 años. Hoy, con 90 años, sigue de cerca el programa de presentaciones del ballet cubano.
“Quien baila, baila por siempre”, expresa la artista, nacida en San José en 1951 y Premio Nacional de Danza en 1993.
Como el color o la forma. ¿Es la danza sinónimo de libertad? “Es un medio de expresión que permite compartir el mundo interior de la coreógrafa: sus puntos de vista, sus ideas, conocimientos e inquietudes”, responde.
La bailarina estadounidense Isadora Duncan definió la danza como “la expresión del espíritu a través del cuerpo”. A su vez, la costarricense afirma: “El cuerpo debe expresar lo que otros expresan con la palabra, la imagen, el color o la forma”.
Ante la duda de si la práctica de la danza favorece en algo la vida de cualquier persona, Nandayure dice que las disciplinas artísticas, además de las académicas, permiten formar un ser humano integral.
En palabras de la artista, la danza despierta talentos. “El arte es un derecho de todo ser humano, y los sistemas educativos públicos deben integrarlo en sus currículos; de esa forma lograremos alcanzar al ciudadano que idealizamos”, agrega Harley.
Como docente, la danza le permite estar en contacto con jóvenes: y, junto con ellos, esculpir el “instrumento” que es el cuerpo, conocer sus inquietudes y profundizar en los conocimientos.
“Como coreógrafa, me atrae la idea de transformar el mundo del espectador siempre y cuando este me lo permita”, precisa.
“Todos los artistas que he podido conocer han ejercido algún tipo de influencia en mi vida. Así, una misma va creciendo”, confiesa la bailarina. Entre otros creadores, Harley cita a John Cage, Philip Glass, Arnoldo Herrera, Martha Graham, Alwin Nikolais, Merce Cunningham, Joan Miró, Sonia Sanoja, Alejandro Jodorowsky, Pablo Neruda y Rubén Darío.
De Costa Rica menciona a Osvaldo Sauma y Ronald Bonilla: “Por supuesto, mis maestros del Castella y los pilares de la danza moderna y contemporánea: Julián Calderón, Mireya Barboza, Elena Gutiérrez y Cristina Gigirey”, añade. Tampoco se puede dejar de lado a Margarita Bertheau, Margarita Esquivel y Teresita Orozco, pioneras de este arte en el país, lista que incluye a Olga Franco y William Zúñiga.
Entrenarse, ensayar y estrenar. Lo que define a un buen bailarín es someterse al ritual diario llamado entrenamiento. “Este trabajo diario con las limitaciones y las posibilidades expresivas del cuerpo, constantemente retan al bailarín a la renovación”, explica Harley.
También menciona una especie de “lucha de amor-odio” con la técnica, con el maestro, con el cuerpo y –¿por qué no?– con los compañeros.
Para ella, el esfuerzo por controlar el cuerpo “no se aprende ni se guarda en el cerebro o la llave maya”. “Debe continuar igual que la respiración, renovándose cada día, descubriendo nuevas sensaciones y creando hábitos musculares adecuados”, añade.
Otro beneficio para los que se entrenan es el experimentar nuevos movimientos ya que hacerlo enriquece la memoria corporal expresiva. “Sin embargo, en los ensayos se experimentan los momentos más jugosos de la vida del bailarín”, expresa Harley.
“El privilegio de bailar con toda la fuerza del corazón, sin temor a equivocarse, los descubrimientos, aprender y desaprender: todo es una experiencia que se logra gracias a la danza”, detalla Nandayure Harley.
Ya para la función, se requiere otra sintonía personal: “El estreno es un rito, sobre todo para los intérpretes experimentados”, afirma.
¿Con cuánta anticipación se llega al teatro? ¿Con cuánta antelación se debe comer? ¿Cómo es el entrenamiento ese día? Nandayure responde:
–Ante todo, se calientan los músculos y se reconoce el espacio; luego se inicia la sesión del maquillaje y se coloca el vestuario.
”Una se pregunta mientras se enfoca en el escenario: ¿tengo el espacio solo para mí o debo compartirlo? Con el vestuario puesto, una no para de moverse: se estira y se flexiona; realiza pequeños saltos, hace relevé, pequeñas frases de la coreografía y respira profundamente...”.
Suma total. La tensión no se pierde con la larga experiencia. “Estoy nerviosa hasta el infierno en ese instante, pero el moverme me aleja de toda posibilidad de estallar y me mantiene lista para ese momento misterioso, el más imprevisible, antes de que la cortina se deslice”, responde la artista.
“Aunque se siente fantástico en el calentamiento, antes de exponerse a los ojos de los espectadores, el cuerpo se seca instantáneamente, se deprime y hasta duele”, precisa Harley.
Una vez lista en escena, se encienden las luces, se escucha la música que eleva el espíritu y se inicia el gran vuelo, el aquí y el ahora. Concluida la presentación, Nandayure explica por qué debe entonces estirar, estirar y estirar los músculos: “Para alejar las contracturas y los espasmos musculares”.
Así se va descubriendo esa vida íntima de quien baila, de quien ama y baila lo clásico, lo contemporáneo o actual. Claro está, existen además otros aspectos en la vida de un bailarín: la dieta, el descanso según la edad, y la atención al dolor.
“Pocas personas son tan tolerantes al dolor como los bailarines: el músculo sobretrabajado, la articulación lastimada, la torcedura de la espalda... La vieja lesión debe soportarse y hay que aprender a vivir con ella”, confiesa.
Al fin, todo se suma: la nueva coreografía, la técnica necesaria y los hábitos corporales.
Para Nandayure Harley, bailar por siempre es una concepción –diríase– filosófica que salta a la vista a través del instrumento del bailarín: su cuerpo.
Vueltaspor el mundo
Nandayure Harley nació en San José en 1951. Inició su formación en música, ballet y danza contemporánea en el Conservatorio Castella. Luego ingresó en la Escuela de Danza de la Universidad Nacional, UNA, Costa Rica. Posteriormente en Youth Lion Center (Londres), Ecòle de Dance (París), Ballet Folclórico Nacional de Amalia Hernández (México) y Danza en la Biblia (Jerusalén). Estuvo escuelas como las de José Limón, Louise Falco, Louise Wykell y Martha Graham, y en el Departamento de Danza de la Universidad de Michigan.
Formó parte de los elencos de la Louise Wykell Dance Compan, del Grupo de Danza Moderna de Mireya Barboza, del Grupo de Teatro de la Municipalidad de San José, de la Compañía de Cámara Danza UNA (cuya dirección ejerció. Es cofundadora del Ballet Moderno de Cámara de la Compañía Nacional de Danza, de Fantasía Folclórica, y de los grupos independientes Guindolas y Speculum Mundi.Ha creado más de 30 coreografías. Ha recibido el Premio Nacional de Danza en 1993 en la categoría de coreógrafa, y sus coreografías han sido premiadas en el Festival de Coreógrafos del Teatro Nacional.

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